sábado, 17 de abril de 2010

Laicismo y masonería




A pesar de que el origen cristiano de la masonería llamada operativa, la originaria creada por los constructores de catedrales en la Edad Media es evidente, al perderse la función de la construcción de catedrales e iniciarse la masonería especulativa, filosófica, los nuevos miembros de las logias, a partir de las guerras de religión que habían asolado Europa, promovieron la tolerancia religiosa y la libertad de pensamiento, sustituyendo la idea de Dios por la de Gran Arquitecto del Universo, de forma que todas las religiones podían abarcarse bajo la logia.

Sin embargo, la defensa de estas nuevas ideas ilustradas, como la de la libertad de conciencia, el Estado de Derecho y la separación de la Iglesia y el Estado provocó una reacción de confrontación por parte de la Iglesia Católica, que desde la bula de Clemente XII en 1738 hasta un texto del Cardenal Ratzinger de 1983 condena la masonería.

El primer texto escrito en español en defensa de la separación Iglesia-Estado está firmado por Simón Bolívar en una explicación de su propuesta para la redacción de la Constitución de Bolivia. En el texto destacan por igual su laicismo como propuesta política y su sentido de lo religioso como propuesta moral o espiritual.

El laicismo defendido por los masones va dirigido a que el Estado reconozca el derecho de las religiones a existir e, incluso, promueva su permanencia con cargo a sus presupuestos, mientras que las religiones deben reconocer que las creencias religiosas ya no son constitutivas de la esencia del Estado, ni se puede confundir pecado con delito, ni la formación religiosa es un deber. Finalmente, el Estado puede facilitar la educación religiosa, pero no puede promover en la educación el conocimiento de nada que no sea verificable científicamente, al margen de que facilite el conocimiento de la religión como fenómeno propio de la cultura.

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